Desde principios del siglo XX hemos dejado de ser ciudadanos para convertirnos en consumidores. Primero para las empresas, luego para los gobiernos que creyeron que la única forma de asegurarse la continuidad de la democracia, tal y como ellos la conciben, era casarla con el capitalismo. Tal vez te sorprenda que todo esto vino de las enseñanzas de Freud sobre el psicoanálisis. Su sobrino, Edward Bernays, tomando las ideas de su tío, inventó la teoría de las relaciones públicas y la publicidad moderna, que no son más que la versión americana de la propaganda Nazi, ideadas para usarse en tiempos de paz y cuyo modelo se ha implantado por casi todo el planeta. Si te interesa indagar un poco sobre este tema, te recomiendo el documental "El siglo del individualismo", dirigido por Adam Curtis y producido por la BBC. Puedes verlo por partes en YouTube aquí: parte 1, parte 2, parte 3 y parte 4 (inglés con subtítulos en castellano). Nota: los anteriores enlaces ya no funcionan al parecer. Tenéis el documental completo aquí.

"Lo que colectivamente elegimos comprar o no comprar puede cambiar el rumbo de este planeta" por Geoff McFetridge
¿Qué podemos hacer ante todo esto? Lo que consumimos o no consumimos puede hacer cambiar las cosas. La mayoría de la gente cae en la obsolescencia programada. Compras artículos baratos pero malos, que te durarán poco y acabas comprando en seguida más porque esos ya no valen o, simplemente, compras cosas que no necesitas por capricho, porque te han hecho creer que los necesitas cuando no es así. Estamos programados para ello. Gandhi decía que tú tienes que ser el cambio que quieres ver en el mundo. ¿Quieres cambios? Cambia el chip. La mayoría de los productos que compramos no los compramos porque los necesitemos, sino porque nos han dicho que eso nos hace sentir mejor. Creemos que si vamos a la última moda de una marca de ropa multinacional y con cierto nombre, si tenemos tal coche, si llevamos tal reloj, seremos mejores, estaremos socialmente aceptados y seremos más felices. Eso es un sentimiento irracional. Si te paras a pensarlo es una tontería.
Hay muchas cosas que no se pueden hacer con recursos limitados, pero lo que sí es que el poco dinero que tienes es tuyo y tú tienes que ser consciente de en qué lo gastas. Cada vez que das tú dinero a alguien le estás dando tu apoyo y tu consentimiento para que siga haciendo los negocios como los hace. Muchas veces compramos ropa que no necesitamos a empresas que la venden muy barata. ¿A qué precio? Esa ropa está hecha para no durar, con materiales baratos y mano de obra explotada. ¿Necesitas de verdad 80 camisetas cutres? Pues a lo mejor podrías pagar un poco más por una de un negocio pequeño que se ha preocupado por la calidad y que incluso está hecha a mano. ¿30 camisetas que tiene todo el mundo baratas o 5 exclusivas y de calidad? ¿necesitas tantas camisetas? Es un ejemplo. No digo que no tengas las cosas que quieras, lo bonitas que quieras; digo que seas un poco consecuente y consciente de lo que quieres, cómo quieres conseguirlo y qué es lo que quieres apoyar con tu dinero.
Puedes empezar a apoyar a negocios pequeños y locales. También está Internet que, de momento, es una buena herramienta para democratizar el mercado, pero democratizarlo de verdad. Tienes a tu alcance, si buscas un poquito, un montón de alternativas más o menos económicas sin pasar por filtros de campañas de publicidad. Hay tiendas online, como Etsy por ejemplo, donde puedes encontrar de todo hecho a mano, independiente, exclusivo, con precios competitivos. ¿Por qué darle nuestro dinero a los de siempre por la misma porquería de siempre? Abre tu mente y da oportunidades, puede que te sorprendas y que te quedes muy contento con los productos que consumes y de lo que estás haciendo al consumirlos.
Y no sólo productos de más o menos necesidad. Al igual que con los bancos comerciales, existe la banca libre como alternativa. También hay bibliotecas municipales donde poder conseguir material de lectura, música y cine de forma legal. Hay miles, millones, de oportunidades que la mayoría de la gente no aprovecha. ¿Por qué no empezamos a consumir lo que necesitemos, queramos o nos podamos permitir, de forma más consciente? ¿Por qué no vivir la vida de forma más consciente? Es una gran satisfacción personal el tomar ese tipo de decisiones, el saber que con tu dinero inviertes en algo en lo que crees, no en lo que te han dicho que necesitas creer para ser aceptado por una sociedad alienada por la propaganda.
¿Vives tu vida o la viven por ti? ¿Sabes lo que quieres de verdad o te dejas llevar por lo que se supone que quieres? Sé tú mismo y vive cada día. La vida está en los pequeños detalles.
Yo más que "Carta abierta sobre el consumo", llamaría a este artículo de opinión "Carta abierta sobre el consumo responsable". Estoy de acuerdo con lo que es has escrito y me parece que has explicado bastante bien tu opinión. Me alegra ver que no soy la única que piensa este tipo de cosas.
ResponderEliminarMarta, no se me había ocurrido pero, ahora que lo dices, es cierto lo del título. Gracias. Tal vez lo cambie y añada lo de responsable.
EliminarMuy cierto, pero muy dificil de cambiar. Cuesta hacerle ver a la gente que no compre las cosas simplemente porque salen en la tele (todos hemos visto productos con la etiqueta "anunciado en TV" como si fuera un valor añadido), todo está pensado a que la gente no piense, nos dicen que tenemos que comprar y nos lo ponen todo junto en un centro comercial. El tema es que manejan a la gente apelando a su comodidad y enseñándoles el camino fácil, el camino por el cual si se equivocan no pasa nada porque todo el mundo va por ahí y ya se sabe, mal de muchos...
ResponderEliminarNo todo el mundo va por ahí, hay alternativas y la gente ha de conocerlas. No es que sea el camino fácil, es que hay gente que ni se plantea otros, pero al final lo que yo propongo acaba siendo más barato e incluso más cómodo. En mi caso, por ejemplo, hace unos 4 años que no veo la tele y no lo echo de menos. Las pocas veces que veo de pasada lo que están viendo mis compañeras de piso me alegro de no perder el tiempo con ese tipo de entretenimiento. No me gusta comprar en centros comerciales, me agobian. Evidentemente, yo no soy todo el mundo ni la gente ha de parecerse a mí (que horror), pero hay muchas más personas que no ven la tele y que están más despiertas. No somos tan pocos pero sí vamos mucho a nuestra bola. A lo mejor es momento de no callarse.
Eliminar