Somos cuerpo. Pero somos cuerpo culturalmente mediatizado.
Vivimos en el mundo de la imagen. Hemos escuchado esa frase miles de veces. El caso es que nuestra imagen o, mejor dicho, los patrones que se supone que debemos cumplir de cara a los demás, vienen dictados por la moda de cada época y lo que en ese momento resulta estético en cada cultura. Tanto hombres como mujeres terminamos por aceptar, como algo natural, exigencias para con nuestro cuerpo que van más allá de simples adornos y que nos deforman convirtiéndonos en seres casi caricaturescos.
Las mujeres somos las mayores y peores víctimas. No hay mayor víctima que la que acepta lo impuesto como dogma, sin cuestionarlo si quiera. Y aunque algunas seamos conscientes de que no tendríamos por qué continuar siguiendo estas pautas, lo seguimos haciendo, seguimos formando parte del sistema. Es muy difícil desaprender lo que te han inculcado desde tu más tierna infancia. Desaprender... que bonita palabra.
Este proyecto es una serie de autorretratos, dos trípticos, con los que pretendo mostrar las deformaciones habituales a las que yo, al igual que muchas otras mujeres, nos sometemos casi a diario sin ni siquiera cuestionar de dónde vienen o si es lo que realmente queremos.
Tríptico 1: El ayer. Cuando era más jovencita me sentía acomplejada con mi altura y llevaba tacones a diario que deformaban mis pies, ya de por sí deformados por la danza, y que hinchaban mis tobillos. Tengo poco pecho, incluso pensé en operarme, pero opté por llevar un sujetador push-up todos los días, de esos que se venden como churros aunque deformen el pecho, aprieten, y le den un aspecto totalmente antinatural. Llevaba siempre las uñas largas y pintadas, complejo de manos pequeñas, aunque no sea higiénico ni cómodo ni permita que las uñas cumplan su verdadera función.
Tríptico 2: El hoy. En la actualidad me tiño el pelo porque ya tengo canas. Es divertido ponerse otros colores y jugar a cambiarse de look, pero la verdad... lo hago por las canas. Estamos obsesionados con ocultar los primeros signos del paso del tiempo. También me maquillo a diario para sentirme más guapa, cuando tampoco es algo necesario. Y el bello corporal... Estaría bien que no estuviese tan mal visto que una mujer tenga bello corporal. Porque resulta que lo tenemos, oye. Se da por sentado que una ha de depilarse axilas, piernas y “entrepiernas”. Eso sí, el cabello ha de ser largo, que no se nos ocurra el raparnos la cabeza. Una mujer ha de tener el pelo largo, preparado para que nos pueden agarrar de él en momentos de placer (comentario que he escuchado muchas veces de boca de hombres cuando digo que algún día me raparé el pelo, aunque me lo han dicho de forma bastante más soez).
Hay muchas más cosas que podrían añadirse a este proyecto, pero he puesto estas porque con estos autorretratos no quería hacer sólo una crítica a la sociedad actual. Lo que pretendía es hacer una crítica a mí misma, de ahí que sean autorretratos. Me han animado a continuar al proyecto con otras personas, tanto hombres como mujeres, que me cuenten en qué creen que están cediendo día a día para poder formar parte de este mundo de la imagen y el aspecto que se supone que tenemos que tener. Me parece interesante y tal vez lo desarrolle. ¿Alguien se apuntaría? Me contáis vuestras opiniones y experiencias sobre el tema y os hago unas fotos que lo representen.
Estamos en posición de cuestionar lo que nos imponen. Luego ya podemos decidir si queremos seguir con ello o no, nuestros motivos, nuestros por qués. Pero para poder llegar a nuestras propias conclusiones, y decidir por nosotros mismos lo que queremos hacer con nuestro cuerpo, deberíamos preguntarnos el por qué hacemos las cosas que hacemos. El debate y las respuestas están en el interior de cada uno.