En un profundo sueño,
pesadillas inhóspitas
se encuentran ante una luna nueva.
Van de la mano del miedo,
por sí solas ya son eternas.
El sudor de un subconsciente puro
pide a gritos un final que no llega.
El llanto llega a la luna,
como aullidos cuando está llena.
El silencio y la calma están fuera
mientras se ahoga dentro de sí,
una angustia desesperada
por poder ponerle fin.
El subconsciente impuro pide,
a pesar del pánico y llanto,
que no le despierten ahora,
que el sufrir no es para tanto.
Pues lo más aterrador, cuando llega la mañana,
es que la vida es más grotesca
que los sueños de madrugada.
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