jueves, 18 de agosto de 2011

Adiós, desconocido

Nuestras vidas se cruzaron en un instante, como todos los encuentros esporádicos entre desconocidos, que luego terminan desarrollándose en el tiempo... o no. Yo estaba en una librería, observando con detenimiento los títulos de las estanterías de psicología, filosofía y divulgación. No me fijé en ti, pero tú sí en mí. Es lo usual. Normalmente me pierdo en mi propia mente y no me doy cuenta de lo que realmente hay a mí alrededor.

Finalmente mis ojos se toparon con un libro de la neuropsiquiatra Louann Brizendine y me picó la curiosidad y el interés en saber qué se ocultaría detrás de esa tapa rústica y sus cientos de páginas. Lo tomé entre mis manos y leí con detenimiento la contraportada. Para saciar mi curiosidad tomé el ejemplar que estaba sin embalar y me senté en el sofá de la librería, para ver si mis expectativas se verían cumplidas al leer parte de su contenido.

Tú te acercaste con un libro, que ahora me arrepiento de no haberme fijado cuál era; me quedaré con la curiosidad. Te sentaste a mis pies, a mi lado izquierdo, con tu espalda apoyada en el sofá. Hasta ese momento no te había visto y tampoco en ese momento te presté mayor atención, estaba perdida en un mar de letras, con mi atención centrada en el contenido de un libro, no en ti.

Al poco rato noté que algo tocaba mis pies. Los moví pensando que sería cualquier cosa y proseguí con mi lectura. Pero una vez que me di cuenta de que era alguien que jugaba con sus dedos a dar toquecitos en mi calzado, supe que eras tú quien me tocaba. Te miré. Parecías seguir leyendo tu libro, o haciendo que lo leías. No lo sé. Seguramente otra mujer en mi caso te hubiese dicho algo o hubiese hecho algo. Irse, indignarse... algo. Yo no. Supongo que soy tan peculiar como tú. No me moví. Seguí un largo rato leyendo mi libro mientras tú jugabas con mis pies. Supongo que esto se sale del esquema de lo normal pero, ¿qué es lo normal? ¿alguien lo sabe? Yo desde luego que no.

Al rato, el libro me había convencido lo suficiente como para querer llevármelo. El presupuesto me alcanzaba y me parecía lo suficientemente interesante como para comprarlo. Podría aportarme algo, e incluso, ser leído varias veces. Así que lo cerré. Tú lo debiste notar. ¿Notaste que me levantaría y me iría? Tímidamente apartaste tu mano de mis pies bajo mi atenta mirada. No levantaste la cara de tu libro. Yo me levanté del sofá, me acerqué a la estantería, dejé el ejemplar desembalado y tomé uno nuevo envuelto en plástico.

Miré al sofá, más concretamente a la zona del suelo donde estabas sentado tú, pero ya no estabas. Miré hacia la salida con el libro en la mano. Sí, ya era hora de irse con mi nuevo material de lectura. Entonces, por alguna razón, sentí tu mirada en mi nuca y miré hacia atrás. Allí estabas, mirándome a los ojos con cara inexpresiva pero mirada penetrante, interesante, como con un gran mundo interior por descubrir. Te devolví la mirada y te dediqué una sonrisa. Tú me la devolviste también. Supongo que ambos somos un par de cisnes negros en medio de la gente. Bajé la mirada y me fui sin mirar atrás. Tú no me seguiste y yo sabía que sería así.

Nuestras vidas se cruzaron un instante, un momento en el que compartimos algo que no alcanzo a definir. Adiós, desconocido. No olvidaré la percusión de tus dedos sobre mis pies calzados piel sintética. Si la vida son los momentos que recordamos, ya formas parte de mi historia. Adiós.

Nota: Relato originalmente escrito y publicado en mi antiguo blog el 24 de marzo del 2009.

2 comentarios:

  1. Como sacar un bonito relato casi de la nada, muy bueno! ;)

    ResponderEliminar