viernes, 21 de febrero de 2014

Fiesta SuicideGirls en Primera Línea

Ya está a la venta el número de marzo de la legendaria revista Primera Línea en el que se incluye un artículo sobre la fiesta de SuicideGirls que organizamos el pasado mes de enero en la sala Thrashin' Club de Barcelona. Doble página con un montón de fotos de la fiesta y una pequeña reseña de lo que es SuicideGirls y de lo que allí aconteció. A continuación podéis ver algunas fotos de la revista.





También la web de Primera Línea ha publicado un reportaje paralelo llamado Coalición Canalla: Trashin Club, la discoteca de las pin-ups, con más fotos e información sobre la sala donde se celebró el evento. Podéis leerlo siguiendo este enlace. Captura y algunas fotos a continuación.







Para terminar os dejo con un vídeo de la fiesta loca de SuicideGirls lleno de fanservice y buenos recuerdos.



Fotos: Miquel Benítez. Vídeo: Twin Productions.

martes, 18 de febrero de 2014

Estreno "El Gato Negro"

Como ya anuncié en la anterior entrada, ayer, 17 de febrero, se estrenaba el cortometraje El Gato Negro, en el que participé como actriz, dentro de la III Muestra de Cortos de El Plató de Cinema en los Cines Filmax, Gran Vía 2 (Hospitalet de Llobregat, Barcelona). Muchas gracias a todo el mundo que asistió.

Me alegro mucho de la buena acogida que han tenido estos cortos. Hay que apoyar a los nuevos directores, que están luchando por hacerse un hueco y encontrar su propia voz, dentro de un panorama de cine español bastante complicado en los últimos años. También todo mi cariño y mi apoyo a todo el equipo técnico y artístico que hace que estos pequeños grandes proyectos sean posibles de realizar.



1. Antonio Lama, director de El Gato Negro, presentando su corto.
2. Carteles de los cortometrajes incluidos en la muestra.
3. Los directores posando junto a sus carteles.
4. Yo, destrozada después de un viaje movidito en avión, posando con el cartel de El Gato Negro.
5. La cola para entrar al cine. Gracias por la asistencia.

sábado, 15 de febrero de 2014

Cortometraje "El Gato Negro"

El verano pasado participé como actriz en el rodaje del corto El Gato Negro, basado en el relato de Edgar Allan Poe con el mismo nombre, dirigido por Antonio Lama y producido por la escuela de cine El Plató de Cinema. El estreno será el lunes 17 de febrero, a partir de las 20:30h, dentro de la III Muestra de Cortos de El Plató de Cinema en los Cines Filmax, Gran Vía 2 (Hospitalet de Llobregat, Barcelona). A continuación podéis ver el cartel.



A pesar de ser un rodaje un poco accidentado (me rompí el cráneo en una de las escenas), he de decir que ha sido el primer rodaje en que realmente me lo he pasado bien y he disfrutado de mi trabajo. La localización era preciosa, el rodaje en plató muy logrado y el equipo maravilloso. Gracias a Antonio por confiar en mí para encarnar a uno de los personajes principales.


Foto del rodaje en la que estoy caracterizada como Marta, la mujer del protagonista.

Os dejo con algunas fotos del rodaje. ¡Nos vemos en el estreno!


Margarita Fernández como Irene (la vecina), Sergio Sánchez como Edgar (mi marido) y yo como Marta.


Maquillando los tatuajes. ¿Quién dijo que no se puede ser actriz con tinta en tu piel?


Detrás de las cámaras con Luigi Abanto Varese, el director de fotografía.


Haciendo el tonto: bailando y haciendo burla a Sergio mientras se concentraba.


Más tonterías: "Esta luz me ilumina como una figura religiosa."


Con todo el equipo la última noche de rodaje (gato incluido). ¡Gracias a todos!

miércoles, 12 de febrero de 2014

¿Por qué el patriarcado teme a las tijeras?

El siguiente artículo ha sido escrito por la periodista británica Laurie Penny y publicado en la revista New Statesman. Podéis leer el original en inglés siguiendo este enlace. Admiro mucho su escritura y me siento muy afín a su forma de expresarse. Lo que a continuación comparto con vosotros es una traducción libre, realizada por mí, como introducción y parte de mi documentación para un ensayo que estoy escribiendo sobre mi experiencia personal con cortarme el pelo y tener que dejármelo ahora largo para una serie de proyectos artísticos, y cómo influye esto en la forma en que las otras personas me tratan, en especial los hombres.

Por qué el patriarcado teme a las tijeras: para las mujeres, el cabello corto es una declaración política

Elegir comportarme conscientemente como si la atención sexual de los hombres no fuese mi prioridad ha proporcionado más cambios en mi vida de lo que nunca pude imaginar.


DeeDee y yo en el 2012. Fotografía por Polymerboy.

Los "machirulos" odian con pasión a las chicas con pelo corto. En los foros de Internet sobre video-juegos y en manifiestos personales sobre ligoteo, la maldad de las chicas de cabello corto aparece de tanto en tanto como un tema y un aviso – mantente lejos de las chicas que se han cortado el pelo. Están locas, están destruyendo deliberadamente su feminidad para "castigar" a los hombres, pero la última carcajada caerá sobre ellas, porque las muy putas morirán solas. Sí, hay gente que cree eso de verdad. En 2014.

Esta semana [nota: el artículo fue publicado el 25 de enero], un escritor que se hace llamar Tuthmosis publicó un pequeño artículo explicando por qué las chicas con el pelo corto están dañadas, rotas, estropeadas; en fin, mal (Girls With Short Hair are Damaged, es el título original). El texto ha recibido más de 200.000 interacciones en Facebook, así que no voy a enlazarlo aquí otra vez. Si rascamos a través de las capas de provocación infame, sin embargo, podemos encontrar que la base lógica sobre la que se sustenta Tuthmosis para declarar que las mujeres con pelo corto están muy mal es interesante.

El escribe que el cabello largo es «casi universalmente visto por los hombres como algo atractivo, cuando ellos están hablando con verdadera sinceridad... Las mujeres saben esto instintivamente, por lo cual cada chica que se corta, y mantiene, su pelo corto a menudo lo hace por razones que van más allá de eso... El pelo corto es una declaración política. E, invariablemente, una chica que ha pasado por cortarse el pelo – y está contenta con los cambios en la forma en que los demás la perciben – está dañada de manera significativa. El cabello corto es casi una garantía de que una chica va a ser más abrasiva, más masculina y más loca.»

El argumento principal es: a los hombres les gusta el pelo largo, ¿qué mujer que esté cuerda querría hacer algo que pueda disminuir su capacidad para complacer a los hombres?

Lo bueno de artículos así, por muy caricaturescos que parezcan, es que hacen que la misoginia se note a simple vista. Hubo una época en que las feministas teníamos que hacerlo nosotras mismas, pero ahora ya no hace falta señalar toda la mierda hipócrita y oculta con la que tenemos que lidiar todos los días, porque ya hay gente en Internet que lo hace por nosotras.

Así que casi estoy agradecida a Tuthmosis por escribir ese texto lleno de sexismo recreativo. Pensaba que nunca iba a tener una buena razón para escribir sobre cómo cosas tan pequeñas como el llevar el pelo corto cambian la forma en la que el patriarcado te trata.

He llevado el cabello corto durante casi toda mi vida adulta. Lo mantengo corto en parte porque me queda bien, en parte porque el pelo largo requiere mucha atención, pero principalmente porque no tengo alternativa – mi pelo natural es débil y quebradizo y no crece mucho más allá de mis hombros sin convertirse en mechones extraños. Me lo he pasado en grande con mi corte a lo chico. Lo he tenido rapado, a lo loco, teñido, sin teñir, con flequillo largo, media cabeza rapada a lo Skrillex, y ahora mismo tengo lo que el blog Autostraddle llama un ALH (“alternative lifestyle hair”, cabello de vida alternativa), con un estilo entre Human League y un cantante Emo andrógino del 2005. Por supuesto, hay problemas. Para ser sincera, mi pelo es mucho más gay que yo, y muchas veces extiende cheques que mi corazón y mi cuerpo no van a pagar, hasta el punto en que he considerado el dejarme el pelo largo de nuevo pero es fabuloso tal como está.


Laurie Penny, la autora de este artículo en su texto original en inglés. Fotografía por Jon Cartwright.

He experimentado con dejarme crecer el pelo en dos ocasiones, animada las dos veces por hombres con los que estaba saliendo. Parecía que era lo que debía hacer para aparentar ser más agradable a novios y jefes potenciales, y otras personas con posible poder sobre mi felicidad personal. Las dos veces mi pelo se veía horroroso. Necesité un gran esfuerzo y, sorprendentemente, un montón de dinero para poder mantenerlo y, aún así, se veía fatal, además de que yo no me sentía como yo misma. Dejarlo crecer más abajo de mi barbilla requirió de mucha voluntad, porque cada día me miraba al espejo y quería pasarle la navaja ahí mismo.

Aún así, la cantidad de atención masculina que conseguí – desde flirteos amistosos a acoso no deseado – creció enormemente. No porque yo estuviese más guapa, pero sí porque parecía que estaba intentando ser más como una chica. Porque estaba actuando como una fémina. Cada vez que me lo cortaba, me daba cuenta inmediatamente de que la cantidad de acoso callejero que recibía, ya fuesen silbidos, insultos sexuales susurrados con picardía o agarrones en el transporte público, se reducían a una fracción de lo que habían sido – caso aparte de los extraños que se me acercaban para decirme que estaría mucho más guapa con el pelo largo. La gente ha hecho esto mientras yo estaba tan tranquila trabajando en mi portátil en una cafetería, porque debe de ser totalmente necesario interrumpirme en medio de mi escritura para decirme que tengo que trabajar más mi imagen femenina.

Lo bueno de tener el pelo corto es que me es más fácil poder leer un libro en el bus en paz. Menciono esto porque claramente existen algunos hombres que raras veces o nunca han considerado lo que es para una persona el negociar su feminidad en el mundo real. Hay muchísimas razones por las que una mujer "sana" puede que no quiera jugar con sus "identificadores de fertilidad" en cada oportunidad que se le presente, y no sólo porque tenga otras cosas mejores que hacer con su tiempo.

Mi hermana pequeña ha tenido la experiencia opuesta. Su cabello natural es largo, grueso, con unas ondas castaño brillante, pero hace poco ha experimentado un shock severo y se le ha empezado a caer a mechones, algo que yo pensaba que no ocurría en la vida real. Fue una experiencia sumamente estresante para ella, y la acompañé a hacerse un buen corte de pelo mientras espera a que se le vuelva a poner fuerte para que crezca.

Cuando hablé con ella sobre este texto, me contó que no esperaba que la pérdida de su melena le afectase tanto como lo ha hecho – tampoco esperaba la cantidad de comentarios no solicitados de amigos hombres diciéndole que jamás tenía que haberse cortado el pelo, sin saber que tenía un problema médico.

De lo que todos estos "machirulos", que viven como presas de la psicología evolutiva y del efecto de esos atributos como signos naturales de "fertilidad", no se dan cuenta, es que tener el pelo como en las revistas y en las pasarelas requiere mucho trabajo. Requiere energía y dinero y atención. Especialmente si tu pelo natural es salvaje, encrespado o afro. Requiere de cremas y serums y secadores y planchas y laca y espuma y habilidad, y una técnica que consume mucho tiempo para conseguir que tu pelo parezca el de Kate Middleton, y en eso consiste. Consiste en que te importe tanto la apariencia de la feminidad que estés preparada para trabajar por ello. Conozco a algunas buenas mujeres que hacen esto todos los días y además consiguen ser eficientes en su trabajo, criar a sus hijos y escribir libros, y aunque me impresiona, yo nunca he tenido ese tipo de paciencia.

Aún así, ninguna de las mujeres que conozco que tienen el cabello largo y bonito se parecen en nada a la "mujer ideal" que te para la respiración y de la que se se habla en las páginas web de activistas por los derechos de los machos, forums de artistas del ligue y en las grandes obras canon de la literatura escrita y venerada por hombres, porque ninguna de ellas es un personaje de ficción. La "mujer ideal", que se despierta cada mañana como una modelo de lencería, que está satisfecha con su papel de ama de casa y que te ayuda pero que continúa siendo lo suficientemente apasionada para mantener el interés de un hombre, que parece "follable" pero en realidad nunca folla, porque eso la convertiría en una zorra, es una ficción casi al completo. Ella existe principalmente como un modelo por el que todas las mujeres reales son medidas y acusadas de tener fallos. Ella existe para justificar la rabia incoherente que sienten algunos hombres al no poder conseguir la mujer ideal que se les ha prometido por ser el héroe de su propia historia. Las historias de Tuthmosis sobre cómo las mujeres de pelo corto le han asustado y decepcionado son increíblemente divertidas: él describe como una «vino una vez a mi casa, mandaba mensajes con el móvil con una mano, mientras me la cascaba con la otra.»

Si la historia es cierta, hay que admirar esa clase de destreza manual. Sin embargo, parece que el meollo del problema que las mujeres de no-ficción presentan a cierto tipo de hombres es el siguiente: no estamos prestando suficiente atención a sus erecciones.

Tuthmosis tiene la razón, pero argumentos equivocados. Llevar el cabello corto, o tomar cualquier otro tipo de decisión personal que vaya en contra del mandato de ser lo más convencionalmente atractiva y apetecible para el patriarcado, es una declaración política. Y la amenaza de que si no nos comportamos, si no jugamos al juego, acabaremos solas y sin amor todavía es una estrategia de control. Cuando hablo con mujeres jóvenes sobre sus miedos y ambiciones, es una de las cosas principales por las que me preguntan.


Yo, Sabrina Rodríguez, autora de este blog y traductora de este artículo.

La idea de que las mujeres no pongamos el complacer a los hombres como el centro de nuestra agenda política, ya sea consciente o inconscientemente, hace que mucha gente se sienta incómoda. A veces les cabrea. La gente me pregunta de forma regular si pienso que el feminismo debería cambiar de nombre para que los hombres no se sientan tan amenazados, porque cualquier cosa que una mujer haga, incluso intentar salirse un poco de una súper estructura masiva de sexismo, debe gustarle primero a los hombres, o no tiene sentido entonces.

Si hacer que tu vida signifique algo más que complacer a los hombres es "degenerado", entonces no son sólo las chicas con el pelo corto las que están locas.

Un número infinito de trolls con un número infinito de teclados producirán ocasionalmente alguna verdad, y llegados a este punto, sí, Tuthmosis tiene razón. Cortarte el pelo es una "declaración política". No me malinterpretéis, he hecho algunas más interesantes en mi vida que esta. Pero el elegir comportarme de forma consciente como si la atención sexual y el confort de los hombres no fuera mi prioridad principal ha proporcionado más cambios en mi vida de lo que nunca pude imaginar. Y ese tipo de elección aún preocupa a muchísimas mujeres y chicas, que aprenden desde una edad muy temprana lo que nos dice Roosh V, artista del ligue reconocido y editor de Tuthmosis, a todas las "mujeres enfermas" que pretendemos "castigar" a los hombres cortándonos el pelo: «estar sola y tener que cuidar de un montón de gatos no es una buena vida para una mujer, pero eso es lo que te pasará si sigues con el pelo corto.»

Si tuviese que rebajarme al nivel del artículo original, tendría que tranquilizar a los lectores diciendo que, en mi experiencia personal, ese tipo de avisos hay que ignorarlos. Mi "jugueteo" no se ha fastidiado por mi corte de pelo, y es una buena forma de filtrar a los gilipollas. Los neo-misóginos tienden a no querer acostarse conmigo, salir conmigo o casarse conmigo, da igual cómo lleve el pelo, porque después de cinco minutos de conversación notan que soy precisamente el tipo de bocazas, ambiciosa, bruja feminista cachonda que les persigue en sus pesadillas, pero si sigo llevando el pelo corto tendemos a perder menos el tiempo los dos. Si te excitan los "machirulos" sexistas, llevar el pelo corto no te va a ayudar a ligar con ellos, eso sí, tal vez te dejen hacerles una paja poco satisfactoria.

Pero si quieres conocer a los hombres como iguales, si quieres llenar tu vida de amantes maravillosos, compañeros de vida, amigos y colegas que tratan a las mujeres y a las chicas jóvenes como seres humanos en lugar de un conjunto de "símbolos de la fertilidad" andantes – creedme, sí existen – entonces yo no empezaría por cambiar de corte de pelo. Yo empezaría por cambiar tus ideales y me rodearía de gente que también quisiera cambiar los suyos.

jueves, 6 de febrero de 2014

Lo que tú quieras

Soy una puta,
así que no me discutas.
Soy una diva vulgar,
¿alguien da más?
Soy buena cuando soy buena,
pero cuando soy mala soy mejor
.
Soy lo que quieras en cualquier situación.

Soy la paja en tu ojo,
el ojo del huracán,
soy la perdedora que no hace más que ganar.
Soy lo que no esperas,
lo que quisieras pisar.
Soy lo que no miente porque no tiene nada que ocultar.

Soy la penosa,
patética,
pero soy magnética.
Soy lo bueno y lo malo,
¿no te has enterado?
Soy todo lo que dices en cierta manera,
a veces aciertas,
las otras veces, le doy la vuelta.

Soy las lágrimas que tragas,
tu nudo en la garganta,
tu dolor de muelas
(a veces creo que exageras).
Soy tu todo y tu nada,
una sincera mirada,
soy tu pesadilla,
la poseída niña.

Lo más odiado,
lo más querido,
lo que nunca has entendido.
Soy verdaderamente falsa por decir la verdad.
Soy como la mierda que tú fumas,
difícil de olvidar y de dejar,
por lo bueno o por lo malo.

Soy tu siniestra mano,
soy el dedo en tu llaga.
La estúpida niñata.
¡Sorpresa! como una piñata.
Soy complicada, la rara,
la desterrada, apestada,
pero no pasa nada.
Pues sigo siendo yo
en cualquier situación.

Soy todo lo que quieras,
de cualquier manera forma y color,
pero soy yo.
Mi nombre en tu boca
y aunque escupir sea lo que toca,
sabes quién soy...
Soy todo lo que tú quieras.

¿Hablas?
¿Y quién coño eres tú, eh?

Nota: Poema escrito por mí en pleno frenesí adolescente, a finales de los 90.